tan dulce como el viento


Mi respiración se hace pesada, mis pasos lentos me han llevado lejos, mis sentidos se relentisan y distorsionan. Con cada paso, avanzo lentamente hasta la cumbre que se yergue frente a mí, a unos metros, un pequeño esfuerzo y llegare. Estoy sólo en esta inmensidad, ya ni el viento me acompaña, por cada paso que doy retrocedo varios más, intento mejorar el ritmo trepando la roca roja y porosa del volcán que está bajo mis botas, tropiezo un poco y doy contra un mar de piedra pome que cubre una montaña de hielo bajo sus mantos, me detengo y respiro profundo para recuperar mi aliento, un pequeño descanso parece una eternidad, pero falta poco, un poco de dulce para recuperar la energía y dar el último ataque para tocar el cielo.

Vuelvo a retomar el camino, rocas pasan frente a mi cayendo hacia el infinito como si fueran pétalos de una rosa que se dejan llevar por el viento, este mar blanco, de polvo y piedras que parecen jirones, se impregna en todo, está en mi cara, en mis labios, en mis manos, en mi ropa, por dentro y por fuera, la sensación es extraña.

A poco andar comienza a sonar música, no sé si estoy delirando o es efecto del cansancio, pero no, nada de eso, de alguna forma extraña mi celular se ha encendido y comienza tocar el soundtrack para cumbre que siempre llevo conmigo, como si fuera magia, cada acorde sigue mis pasos, la cumbre se ve muy cerca, pero es sólo una apariencia, pasa un tema, luego otro y otro y pareciera que no me moviera, que cada paso que doy me dejara en el mismo lugar, voy tan lento y con tan poca energía, que hasta una oruga se convertiría en mariposa antes de que yo llegara al final del camino, hasta que la música se acaba y ahí está.

Se termina la huella y llego al portezuelo de cumbre, una cumbre que es un cráter cubierto por un glaciar cóncavo trepado por penitentes que me invitan a bajar hasta su centro para tragarme y no dejarme ir, pero me niego, prefiero rodearlo y subir a una de las torretas de laja que se apilan y caen al vacío, trepo para tocar el cielo y ver el infinito sobre las onduladas arenas del olvido, vuelvo a respirar profundo, esperando un poco de viento, pero este se niega a refrescarme, a envolverme con su dulzura, me niega su compañía, vuelvo a estar sólo.

Me quito el equipo para acomodarme, lo dejo al lado de un grupo de rocas en donde encuentro unas lajas apiñadas como si fueran leños a punto de ser encendidos, al mover algunas encuentro un pequeño tesoro, un altar minúsculo dedicado a alguna deidad femenina que desconozco, la patrona del volcán me imagino, bajo ella, en una bolsa llena de moho encuentro un manojo de testimonios, trato de buscar el de algún amigo, pero el papel se deshace entre mis dedos, recupero lo que puedo y lo protejo con algo más seco, saco un lápiz y al reverso de una hoja escribo “aquí estoy ahora, donde quiero estar, por obra y gracia de mis sueños”, no dejo nombre, no dejo fecha, sólo un sentimiento, sólo un deseo.

Duermo un poco, pienso esperar a que llegue la noche y quedarme al abrigo de las rocas que me acogen como si fuera un grano más de arena entre ellas; el tiempo pasa, al abrir mis ojos siento el deseo de sentir en mis labios un poco de agua, un poco de dulce, un poco de hambre, un poco de otros labios, vuelvo a cerrar los ojos y al volver a abrirlos recuerdo donde estoy, tan cerca del cielo como si fuera un sueño.

Me siento mejor, aun el sol despunta su brillo sobre las blancas dunas del valle que está bajo mis pies, aprovecho la recuperación para comer y saciar mi sed, la energía vuelve a fluir por todo el cuerpo, el ánimo y la motivación resuenan en mis pensamientos, las ganas de volver y dormir tranquilo en el calor de mi campamento surgen con ímpetu, vuelvo a comer un poco de fruta, tan dulce que me recuerda otros viajes, otros sueños y otros dulces vientos, me decido, es hora de volver.

Tomo el equipo y lo monto en mi espalda, ya pesa muy poco, tan poco que casi ni lo noto; me despido no sin antes dejar todo como si nunca hubiese estado ahí, sólo falto borrar mis pasos y mis deseos. Ahora sí, enfilo mis pasos por la huella que seguí, pero pronto la dejo para dejarme llevar por el viento que me lleva donde yo quiero, voy rápido, tan rápido que me mareo cuando me detengo, progreso por el vacío, con los ojos cerrados y el viento me lleva, me lleva tan lejos.

El descenso ha sido tan rápido, en línea recta, creando mi propia huella, dejando una estela de sueños, de deseos, de imágenes, de sonidos y de mi aliento. Ya estoy cerca, a lo lejos veo ese punto naranjo que me espera, con el abrigo, el calor y el alimento.

Por fin he llegado, envuelto en arenas blancas que me hacen ver como un fantasma que aparece de entre la nada, me sacudo hasta que por fin vuelven los colores de mi equipo, el rojo de mi corta viento, el gris de mis pantalones, el negro de mis guantes y de mi pelo. Bajo al agua y me refresco, estoy feliz, tan feliz que casi me dejo llevar por el torrente que me envuelve, la sensación de satisfacción me sobrecoge.

soy feliz… ya he vuelto…

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About hixaga

I am an explorer, mountaineer, rock-climber, designer, photographer. I enjoy and also, designer and webmaster of www.hipnoplastika.org and www.neurotyka.cl
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